Vestuarios – y ser nobinarie

Vestuarios – estos espacios de acceso a una piscina o al gimnasio. No conozco a nadie a quien le gustan los vestuarios. Hay personas que intentan mantener algo de intimidad en estos espacios que parecen diseñados para quitarte cualquier intimidad. Hay gente que pretende que no le importa la falta de intimidad cuando se cambian para ponerse o quitarse el bañador o la ropa del gimnasio.

Mis recuerdos de los vestuarios en mi adolescencia – de las piscinas, de los gimnasios en el instituto – son de sentirme incomode, de intentar que nadie se da cuenta de mi presencia. Recuerdos de cambiarme lo más rápido posible, sin ser viste.

Luego, en mi vida adulta, fui muy poco a la piscina, y nunca a un gimnasio. Prefería ir a un lago o a la playa, donde no hay vestuarios. Y no se trata de que me siento incomode con la desnudez. No. De hecho, si tengo la posibilidad voy a la playa nudista, o a un lago donde se puede bañarse desnude. El problema son los vestuarios, estos espacios raros.

Desde que me defino como persona genderqueer, nobinaria, el tema de los vestuarios ha asumido otra dimensión. Antes, fui al vestuario masculino cuando fui a una piscina (raras veces), pero ahora? Y todavía más desde que he iniciado una transición, desde que he queereado a mi cuerpo, y no solo mi identidad, sino también mi cuerpo se sale del binarismo de género. Vestuarios no solo son espacios incómodos para casi todes, también y sobre todo son espacios hiper-binarios.

Me he acostumbrado a utilizar el baño femenino cuando necesito usar un baño publico. No me siento segure en el baño masculino. Pero en un baño habitualmente no hay desnudez. Cierres la puerta para hacer tus cosas, y nadie se da cuenta de que tu cuerpo no encaja en su binarismo. Me quedo con la incomodidad de entrar en este espacio femenino, y con la pregunta como me van a leer, y que pasaría si una mujer me lee como hombre… Muchas veces, antes de entrar en un baño público, pregunto específicamente por un baño nobinario, que casi nunca existe. A veces hay un baño para personas con discapacidad por separado, y en estos casos suelo utilizar esta opción.

Los vestuarios son otra cosa. Hace unas semanas decidí inscribirme en un centro deportivo, principalmente por la piscina. Fui al centro deportivo más cerca de mi casa, y planteé el problema en la recepción. ¿Donde puedo cambiarme? ¿Qué vestuario puedo o debería utilizar? Por suerte las mujeres de la recepción comprendieron el problema, y entendieron que el vestuario masculino no fue una opción para mi. Pero tampoco sabían que hacer. Elevaron el “problema” a la directora del centro. Me quedé unos días sin respuesta definitiva. El día siguiente me preguntaron que dice mi DNI respeto a mi sexo, y por suerte tengo un pasaporte alemán con una X en el campo sexo. Entonces, mi documento de identidad no les sirvió nada para resolver el problema. Escribí también al ayuntamiento de Sevilla, para preguntar si existe una política municipal respeto al acceso a vestuarios para personas trans y nobinarias. Parece que el ayuntamiento llamó a la directora del centro deportivo, y luego la directora llamó a mi para comunicarme que no hay ninguna ley que exige vestuarios privados, pero que puedo utilizar el vestuario femenino y cambiarme en el baño para personas con discapacidad que hay dentro.

Aunque no es la solución ideal, dentro de lo que cabe probablemente es la mejor opción posible. Estoy muy consciente de que cambiarme en el baño disca no es solo para proveerme intimidad, también es para evitar que una mujer se da cuenta que no soy mujer… Al fin y al cabo, el vestuario femenino no es mi espacio.

Las primeras veces cuando fui estuve bastante nerviose. Pero ya me acostumbrado. Cuando llego entro directamente en el baño disca para cambiarme, y salgo en bañador solo para poner mis cosas en una taquilla, y salgo directamente hacía la piscina. Cuando termino, lo hago al revés. Recojo mis cosas de la taquilla y voy directamente al baño disca para cambiarme, y salgo del Centro Deportivo. Intento quedarme lo menos tiempo posible en el vestuario mismo e interactuar lo menos posible con las mujeres que hay dentro.

Hasta ahora no he tenido ningunas problemas, miradas raras o preguntas. A veces encuentro a una mujer que conozco, y hasta charlamos un rato, y estoy consciente de que mi voz no es exactamente femenina. Al mismo tiempo relacionarme con mujeres que conozco dentro del vestuario de una manera natural también me hace sentirme mejor en el espacio, quizás me permite reclamar este espacio también para mi, no sentirme como persona invasora en este espacio.

Esta solución no es ideal. No creo que sería fácil un vestuario único de este mismo tipo como los hay ahora, sin intimidad. Dudo que yo me sentiría segure cambiarme en presencia de hombres mientras existe tanta violencia machista. Quizás la mejor opción sería proveer al menos algunos vestuarios privados, separados de los vestuarios masculinos y femeninos, para cualquiera persona que prefiere algo de privacidad a cambiarse. Esto no solo es mejor para personas trans y nobinarias. Existen muchas razones por la que una persona podría preferir cambiarse en un espacio privado.

Mientras estos vestuarios privados no existen, seguiré utilizando el vestuario femenino y el baño disca. Tener la autorización por parte de la directora del centro deportivo ayuda a sentirme más tranquile, como no ha sido solo una decisión mía, sino el resultado de una reflexión también por parte del centro deportivo. No se trata de una invasión mía en el vestuario femenino, sino de una “solución” del problema de como permitir a las personas trans o nobinarias el acceso a la piscina o al gimnasio, mientras solo existen espacios binarios.

No obstante, se queda miedo. Se queda el miedo a que un día una mujer, posiblemente transfoba, me va a leer como hombre (o como persona con pene), y quejarse (si lo hace me da bastante igual) o montar una escena en el vestuario, que me haría sentirme muy incomode. Ojala este día nunca llega...