Reevaluación de mi identidad de género desde la infancia

Les participantes genderqueer revelan un tema conmovedor de no tener el lenguaje para expresar su experiencia de género hasta bien entrada la adolescencia o el principio de la edad adulta. Esta experiencia también se describe repetidamente como un sentimiento de que algo está ‘mal’.

Liam P. Malone: Identidad de género y experiencias infantiles: un estudio cuantitativo introductorio de la relación entre la identidad de género y las experiencias infantiles adversas (original en inglés)

Mi reencuentro con mi niñe interior hace dos semanas y mi trabajo con mi niñe interior me hacen replantearme el desarrollo de mi identidad de género desde mi infancia. Hasta ahora entendía que siempre he tenido ciertos problemas con encajar en la masculinidad (o en una de las masculinidades), pero nunca me había planteado que podría haberme sentido no conforme con ser niño, chico u hombre – según la edad. Ahora ya no sé. El tema se complica todavía más como tengo absolutamente ningunos recuerdos hasta una edad de 10 años, y luego bien pocos, y mucho menos en relación con como me sentía, como vivía casi todo mi niñez y adolescencia muy desconectade de mis emociones.

¿Tiene sentido reevaluar a mi pasado? ¿Para qué?

Siento que sí. Al primero el asunto claramente me remueve. No en el sentido de que me estoy replanteando mi identidad genderqueer en la actualidad. Me siento comode tanto con mi identidad, como con mi decisión hace ya más de tres años de tomar estrógenos y así queerear a mi cuerpo. Pero me remueve respeto a mi pasado, a mi propia historia como he llegado a definirme genderqueer. Y no sé si también hay un trauma aquí.

Una de las cosas que me han salido en mi trabajo o en mis encuentros con mi niñe interior es que casi siempre le veo en un vestido, y se pone triste sin su vestido. Hace dos días escribí:

Hace casi dos años escribí sobre el trauma de la masculinidad, y que a reflexionar sobre el impacto del sexo asignado al nacer me puse a llorar. Pero no me imaginaba un tema de identidad de género (o expresión) ya en mi infancia.

Cuando pienso en este asunto, muchas veces me vienen muchas emociones y tengo que llorar, o al menos me remueve mucho. Como ya escribí, dudo mucho que como niñe intentaba vivir de esta manera, que solo una vez me puse un vestido. Tengo muy claro que el rechazo de mis padres hubiera sido enorme. Y posiblemente de esto vienen las emociones – del miedo como niñe de expresarme como me sentía. No quiero decir que me sentía niña – no creo que las cosas son tan simples, y que vestirse en un vestido significa automáticamente que me sentía niña. Quizás simplemente me gustaban los vestidos. En mis encuentros con mi niñe interior, el vestido hace sonreír a mi niñe – algo que no pasa mucho. O, quizás era una reflexión de una non-conformidad con el género (masculino) asignado a nacer, sin necesariamente me sentía niña. Quizás era un sentimiento de que algo estaba ‘mal’, en palabras de Liam P. Malone.

Hablamos del inicio de los años 1970 (sí me centro en mi niñe interior de siete o ocho años). No tenía modelos, ni lenguaje, para expresar una non-conformidad con el género masculino, ni a esta edad, ni en mi adolescencia (con quizás 14 años, es decir, 1978). Obviamente, existían personas trans, pero muy invisibilizadas. Dudo mucho que en mi infancia tenía solo una idea remota que es una persona trans. Y no sé en mi adolescencia. Y, en estos años, si existía una representación de lo trans, era muy binaria y en lo general una caricatura.

Pensando en mi adolescencia, sé que me sentía incomode con las expectativas masculinas, o, más bien, que muchas veces me hicieron sentirme mal. Pienso en educación física, pienso en el postureo masculino, pienso en grupos exclusivamente masculinos… Al mismo tiempo tampoco tenía acceso a espacios femeninos, como las chicas me leyeron como chico… Tampoco sé si me hubieran gustado estos espacios. No sé, muchas veces me sentía simplemente perdide, y muy sole. Y, además, sufría bullying homofóbico por parte de mis amigos (masculinos), probablemente a partir de más o menos 14 años, algo que no exactamente ayudaba para permitirme experimentar más con mi expresión o identidad género. No existía un entorno favorable o abierto.

Creo que empezaba a experimentar más con como me vestía ya en Oldenburg, con casi 30 años. No me vestía abiertamente femenina, pero tenía periodos de vestirme menos masculino, con leggings y pantalones cortos por enzima de los leggings. Recuerdo haber comprado mis primeras medias (de hombre) en Oldenburg, pero nunca las llevaba abiertamente. Me los llevé a Londres, pero al principio, allí era lo mismo, y cuando empecé una relación con una persona que entonces se identificaba como hombre (que duró ocho años), dejaba de experimentar. Recuerdo que me sentía avergonzada. Empezaba a experimentar más tras el fin de esa relación, pero sin llegar a usar ropa abiertamente femenina (ni faldas, ni vestidos).

Descubrir la teoría queer quizás en la mitad de los años 1990 me abría otro mundo, pero se quedaba muy interna, con mucho miedo de hablar de esto o vivirlo. Creo que empezaba a definirme queer (en vez de gay) en referencia a la teoría queer (y no como término de moda para no decir gay o LGBT) a finales de los años 1990, con una crítica de cualquier masculinidad, incluso las nuevas masculinidades o las masculinidades gay. Tenía claro que no quería encajar en ninguna masculinidad, pero, como también dice Liam P. Malone, no tenía el lenguaje para expresar mi experiencia de género, todavía no había encontrado ni el término nobinario ni genderqueer. No sentía que algo estaba mal, pero sí sentía que lo que había no era lo mio, que no me sentía ni hombre ni mujer. Pero tampoco hablaba realmente de esto.

Esto solo cambió ya en Sevilla, hace quizás siete años. Poco a poco fui capaz de poner palabras a lo que sentía respeto a mi identidad de género, hasta que me definí públicamente como genderqueer a inicios de 2014. La verdad es que fue una liberación salirme claramente del marco binario que nos ofrece esta sociedad cisheteropatriarcal. Y sigo sintiéndolo como una liberación. No tengo ningunas ganas de volver a situarme en el binarismo.