«La calefacción está encendida» Y: ¿donde esta la rebelión por el clima?

El último informe del IPCC dice sobre las probabilidades que existen de cruzar el nivel de los 1,5 grados de calentamiento en las próximas décadas y revela que“a menos que haya una inmediata reducción a larga escala de los gases de efecto invernadero, limitar la subida de la temperatura media de la Tierra a esa barrera o incluso a la de los 2° será imposible de alcanzar.” “El estudio predice que se espera que la temperatura global alcance o supere los 1,5 °C o más de calentamiento en los próximos 20 años.1

Si no reducimos las emisiones actuales a la mitad, el mundo asistirá a un peligroso aumento de la temperatura global de al menos 2,7°C este siglo, advierte un nuevo informe de ONU Medio Ambiente, que asegura que “la calefacción está encendida” y pide que el mundo despierte ante el peligro al que nos enfrentamos como especie.2

 

La emergencia climática avanza. La brecha entre la urgencia de actuar y nuestra acción como movimiento por la justicia climática se ha abierto todavía más, con la desarticulación del movimiento durante la pandemia de la COVID-19. Estamos ahora de verdad caminando al borde de un abismo. Y, al mismo tiempo, siento que no tenemos ninguna visión sobre como evitar la caída, como cambiar el rumbo. Mientras tanto, las emisiones de gases de efecto invernadero siguen creciendo. La quema de energías fósiles sigue creciendo. Vamos ojos abiertos hacia un futuro catastrófico.

Y, ¿nuestras acciones? Ni siquiera veo la más mínima perspectiva de montar una verdadera rebelión por el clima. No veo una visión compartida. Veo demasiado del “lo de siempre”, pero no veo rebelión.

Sabemos que necesitamos un cambio del sistema. Sabemos que el capitalismo cisheteropatriarcal (verde o no) no es compatible con los limites de nuestro planeta. Pero, “cambiemos el sistema, no el clima” no es más que un lema a gritar en nuestras manifestaciones, que también solo son una pequeña sombra de las movilizaciones de 2019. La situación es desoladora, y me quedo con mucho desesperanza, con la sensación de un desempoderamiento profundo.

Quizás suena raro, pero nos invito a parar. Dejar de hacer más del “lo de siempre”, mantenernos ocupades, y sentarnos a pensar, a analizar. ¿Donde estamos? ¿A donde queremos o tenemos que ir para evitar la catástrofe? ¿Cómo podemos hacerlo?

Me recuerdo de una conversación que tuve hace unos años con James Lawson, uno de los lideres del movimiento por los derechos civiles en EE.UU. a finales de los 1950 e inicio de los 1960. Me preguntó que hace el movimiento por la paz en Europa, y le respondí explicándole algunas de las acciones, incluso de desobediencia, y el me dijo “entonces, solo hacéis acciones simbólicas”.

Me recuerdo de lo que dijo Arundhati Roy en el Foro Social Mundial en Mumbai en enero de 2004, sobre el movimiento contra la guerra en Iraq: “Fue maravilloso que el 15 de febrero del año pasado, en una espectacular demostración de moralidad publica, 10 millones de personas en cinco continentes marcharon contra la guerra en Irak. Fue maravilloso, pero no suficiente. El 15 de febrero cayó en fin de semana. Nadie tuvo que perder un día de trabajo. Las protestas de vacaciones no paran las guerras.3

Ni las acciones simbólicas ni las protestas de vacaciones van a prevenir la caída en el abismo. Necesitamos algo nuevo. Necesitamos cambios muy profundos de nuestro sistema económico, político y social, y rápido. Necesitamos una revolución.

Esta bien que hay un amplio apoyo para la acción climática, según una encuesta reciente de El País: “En general, el respaldo entre los encuestados a la acción contra el cambio climático es rotundo: el 88,9% considera muy o bastante urgente poner en marcha medidas contra el calentamiento global. Son los jóvenes, aquellos de entre 18 y 24 años, los que más urgen a ello (un 94,3%).4 Pero dudo mucho que este apoyo va más allá de cambios superficiales.

Desde 1970, el Día de la Deuda Ecológica (el día del año en que la humanidad ha agotado el presupuesto de la naturaleza para el año) se ha adelantado del 29 de diciembre (es decir, en 1970 al nivel global todavía estuvimos casi dentro de los limites de nuestro planeta) al 29 de julio en 2021. Para el Estado español, este día fue el 25 de mayo en 20215, es decir, en menos de la mitad del año ya habíamos consumido lo que nos corresponde si queremos respetar los limites del planeta.

Mientras tanto, la izquierda (ya no sé que es esto) en el Estado español mayoritariamente sueña con la vuelta al Estado del Bienestar dentro de un sistema capitalista cisheteropatriarcal. El problema es que ya no existe una base material para esto. Se acabó con el petroleo barato ya en 1973, y, además, el precio de este Estado de Bienestar en una parte pequeña y privilegiada del mundo siempre fue la destrucción de nuestro planeta y la explotación de otra parte del mundo. Al nivel global nunca existió un Estado del Bienestar, y es imposible conseguirlo dentro de un sistema capitalista. Y lo sabemos. Lo deberíamos saber.

Por esto. Nos invito a parar. A pensar. A analizar y desarrollar nuevas estrategias. Para una verdadera rebelión por el clima. Una revolución. Un cambio del sistema. Intentaremos cerrar la brecha entre diagnostico y acción. Intentaremos poner el cambio del sistema en el centro.

Por un futuro que vale la pena vivir.

 

Notas