En el espectro arromántico (y asexual)

Siempre es bueno poner palabras a las cosas. Lo que no se puede nombrar, no existe. Y me ha costado mucho posicionarme en el espectro arromántico, entre demirromántique y arromántique. Esto significa que pocas veces siento una atracción romántica hacía otra persona – da igual su género, ni tengo ganas de emparejarme. Y no me falta nada.

Ser arromántique (o demirromántique) no significa que no tengo o busco intimidad con otras personas. Pero, como dicen Alex Iantaffi y Meg-John Barker en Como entender tu género, “Si la intimidad consiste en sentir que hay personas con las que podemos compartir aspectos de nuestras vidas y ser abierta y plenamente como somos, entonces tiene sentido que podamos experimentarla de muchas formas distintas.” Siento que tengo muchas amistades en las que hay mucha intimidad, sin que se trata de una relación romántica.

Lo mismo con la sexualidad. Desde un poco más tiempo me defino como demisexual, en el espectro asexual. La verdad es que simplemente no me pasa que siento atracción sexual hacia otra persona que veo en la calle. Necesito tener ya otro vinculo, otra intimidad con una persona para que se abre la posibilidad de una atracción sexual.

Me defino demirromántique y demisexual, por que no descarto la posibilidad de una atracción romántica o sexual, y en mi vida he tenido unas pocas relaciones románticas e incluso sexuales. Pero, en comparación con los tiempos sin relación (y sin atracción), han sido bien episodios esporádicos.

Me ha costado más llegar a este punto que definirme como genderqueer, hace ya siete años, y mucho más que asumir una sexualidad dirigida hacia personas leídas como hombres. De hecho, durante muchos años me he definido abiertamente como hombre gay, aunque tampoco tuve muchas relaciones homosexuales.

Para mi ha sido mucho más difícil llegar a lo asexual y lo arromántico. Por una parte, por que estos dos términos son bastante nuevos, y no los tenía muy presente para nombrar mi propia vivencia. Al otro lado, creo que en nuestra cultura occidental, la atracción sexual y romántica son vistas como universales, y no se puede imaginarse una persona que simplemente no siente estas atracciones. La ‘revolución sexual’ posiblemente ha liberado (parcialmente) a la sexualidad del corsé del conservadurismo y del catolicismo, pero al mismo tiempo ha aumentado la importancia percibida del sexo y la atracción sexual. Y esto todavía más en el mundo alternativo, donde me he movido toda mi vida adulta. En este contexto, fue mucho más fácil al primero salir del armario y definirme como hombre gay, algo que no se salió del contexto de la revolución sexual (aunque el mundo alternativo entonces todavía estaba muy heteronormativo), y, más tarde, definirme como genderqueer, que ya era una pequeña minoría queer dentro del mundo alternativo. Posicionarme en el espectro asexual y arromántico, no obstante, va muy en contra de lo hegemónico en el mundo alternativo (y mainstream), y hasta en el mundo LGBTIQ – donde a la ‘A’ para ‘asexual’ todavía casi nunca se pone.

Me recuerdo de tantas preguntas de algunas amistades, “¿cómo lo llevas sin pareja?, ¿cómo vives la sexualidad sin pareja?”, siempre con la idea o preocupación que algo debería faltarme, que esto debería ser un problema para mi. Y, ¿si no? ¿Si no es un problema en absoluto? Me recuerdo también de mi terapeuta hablando de una necesidad del sexo, a lo que ya entonces respondí que no, que no lo veo como una necesidad, sino quizás como un deseo. Pero, realmente, ni esto. O, ni esto en largos periodos de mi vida. Esto no significa que no me masturbo. Pero nunca (o casi nunca) mis fantasías sexuales tienen algo que ver con personas concretas, por ejemplo personas que vi en la calle. Son más bien bocas o penes o anos, pero no cuerpos con rasgos identificables.

Desde más o menos un año he llegado a la conclusión de que soy demisexual, en el presente mucho más cerca al asexual. Pero ahora me doy cuenta de que no se trata solo de lo sexual. Más allá, también soy demirromántique, desde muchos años con tendencia a arromántique. Y, como hace siete años saltarme del binarismo del género fue una liberación, ahora salirme del imperativo de lo romántico y sexual lo vivo como una liberación. No me falta nada. No siento una ausencia del sexo, una ausencia de una relación romántica. Tengo mis necesidades de diversas intimidades suficientemente cubiertas por mis amistades. ¿Cuantos años de mi vida me he preguntado si tengo algún problema por la ausencia de una atracción romántica y/o sexual? Ya no. He tenido y tengo muchas problemas en mi vida, como persona que vive con un trauma complejo, pero la falta de una atracción romántica o sexual no es uno de estos. Y estoy harte de todo esto.

Arromántique no significa que no me gustan los abrazos, que no me gusta el contacto físico (e intimo) con otra persona, hasta hacer la cucharita. No. De hecho, durante el primero confinamiento el año pasado sentí mucho esta ausencia del contacto físico, de abrazar a mis amistades. Pero, estos abrazos, este contacto físico, para mi no tiene ningún significativo romántico, ni sexual.

Mientras estoy fortaleciendo a mis amistades, construyendo amistades más intimas, estoy también cada vez más acercándome al arrománticismo. En mi visión del resto de mi vida no aparece una relación romántica, ni una relación sexual, ni una ‘pareja’, y esto no me da nada de miedo. Creo que con mis amistades estamos construyendo nuevas redes afectivas y de apoyo mutuo; algunas lo llaman una familia alternativa o elegida, una palabra que a mi no me sale por mi propia experiencia con mi familia (no elegida). Pero no quiero ocultar que lo que todavía me da miedo es si estas nuevas redes afectivas serán capaces del apoyo mutuo (o no tan mutuo) que podría necesitar en la vejez (si una familia lo haría tampoco es garantizado).

Recientemente, la asexualidad y el arrománticismo ha conseguido algo más de visibilidad. A mi esto me da esperanza. Quizás un día conseguimos romper el imperativo de lo sexual y romántico, y podemos aceptar que hay muchas otras formas de intimidad y de redes afectivas, y que emparejarse es solo una forma de vida, ni mejor ni peor que otras. Quizás, un día conseguimos echar el sexo de su pedestal, echar a las relaciones románticas de su pedestal, y tratar todas las relaciones de amistad, con o sin sexo, con o sin romanticismo, como igualmente importantes. Para mi, esto sería un mundo mejor.