EMDR – bloqueos, bloqueos, y más bloqueos

En mi última entrada ya mencioné el primer intento de una sesión de EMDR en mi última sesión de terapia. ¿Fue un fracaso? No sé, depende un poco que significa fracaso. Es cierto que no conseguimos trabajar con el EMDR, y que estuve otra vez fatal, con muchas emociones difíciles, con frustración, miedo, enfado conmigo misme, vergüenza, como ya escribí el miércoles. Pero al mismo tiempo empecé a darme cuenta de muchos bloqueos que me impidieron trabajar con el EMDR este día, y esto es algo positivo (y verlo así me ha ayudado a sentir menos frustración – todo es un proceso, y ¿quien ha dicho que va a ser un proceso fácil?).

Wikipedia español dice sobre EMDR: “La desensibilización y reprocesamiento por movimientos oculares (acrónimo, en inglés, de eye movement desensitization and reprocessing, EMDR) es una técnica psicológica terapéutica utilizada para atenuar los efectos negativos de los eventos traumáticos.” Según la Asociación EMDR España, “la terapia EMDR está avalada por la Organización Mundial de la Salud y las Guías Clínicas Internacionales para el tratamiento del trauma. Se basa en la comprensión del efecto de las experiencias vitales adversas y traumáticas sobre la patología y en el procesamiento de dichas experiencias a través de procedimientos estructurados que incluyen movimientos oculares u otras formas de estimulación bilateral. Su aplicación se ha extendido a un amplio rango de problemas clínicos.

El experto de trauma Bessel van der Kolk dice en su libro El cuerpo lleva la cuenta sobre sus investigaciones respeto a la eficacia del EMDR:

Obtuvimos financiación (...) para comparar los efectos de la EMDR con las dosis estándar de Prozac o de un placebo. De nuestros 88 sujetos, 30 recibieron EMDR, 28 recibieron Prozac y el resto placebo. Como suele suceder, la gente a la que se administró placebo estuvo bien. A cabo de 8 semanas, su mejora del 42 % fue mayor que la de muchos otros tratamientos que se promocionan como «basados en la evidencia». El grupo de Prozac estuvo ligeramente mejor que el grupo de placebo, pero apenas. Esto es típico de la mayoría de los estudios de fármacos para el TEPT: simplemente el hecho de participar aporta del 30 al 42 % de mejoría; cuando los fármacos funcionan, aportan de un 5 a un 15 % adicional. Sin embargo, los pacientes que hicieron EMDR tuvieron resultados sustancialmente mejores que los que tomaron Prozac o placebo. Después de ocho sesiones de EMDR, uno de cada cuatro estaba completamente curado (sus puntuaciones de TEPT habían caído hasta niveles insignificantes), en comparación con uno de cada diez en el grupo de Prozac. Pero la verdadera diferencia se produjo con el tiempo: cuando entrevistamos a nuestros sujetos al cabo de ocho meses, el 60 % de los que recibieron EMDR tenían unas puntuaciones que indicaban que estaban completamente curados. Como dijo el gran psiquiatra Milton Erickson, una vez que das un puntapié al tronco, el río empezará a fluir. Cuando la gente empieza a integrar sus recuerdos traumáticos, sigue mejorando espontáneamente. En cambio, todos los que habían tomado Prozac recaían en cuanto dejaban de tomar el fármaco.

Pero, desafortunadamente, todo se complica cuando hablamos del trauma complejo (como siempre):

Otro hallazgo clave de nuestro estudio: los adultos con historiales de traumas infantiles respondían de manera muy distinta a la EMDR de los que se habían traumatizado en la edad adulta. Al cabo de ocho semanas, casi la mitad del grupo con un inicio en la edad adulta que había recibido EMDR tuvo una puntuación de completamente curado, mientras que solo el 9 % del grupo de los traumas infantiles mostró una mejoría tan pronunciada. Al cabo de ocho meses, el índice de curación era del 73 % en el grupo de inicio en la edad adulta, en comparación con el 25 % del grupo con historiales de maltrato infantil. Este grupo de maltrato infantil presentó respuestas pequeñas pero constantemente positivas al Prozac. Estos resultados refuerzan los hallazgos que describí [otro] capítulo (...): el maltrato infantil crónico causa unas adaptaciones mentales y biológicas muy diferentes de los eventos traumáticos discontinuados en la edad adulta. La EMDR es un potente tratamiento para los recuerdos traumáticos atascados, pero no necesariamente resuelve los efectos de la traición y del abandono que acompañan al maltrato físico o al abuso sexual en la infancia. Ocho semanas de tratamiento de cualquier tipo en raras ocasiones es suficiente para resolver el legado de un trauma de larga duración.” (páginas 311/312)

No obstante este aviso del reto con el trauma complejo, quiero probar el EMDR, como siento que con solo hablar ya no puedo llegar a más. Y aunque la primera sesión de EMDR no ha “funcionado”, solo con darme cuento de algunos de los bloqueos ya estoy llegando a puntos a los que nunca antes había llegado en cinco años de terapia. Es cierto que probablemente no es solo por el EMDR – también estoy en otro punto de mi trabajo con mi trauma – pero me parece interesante.

Entonces, ¿cuales son algunos de los bloqueos?

El primer bloqueo es el tema de confianza. Tengo toda la confianza en mi terapeuta en el sentido que me siento capaz de compartir todo lo que me pasa por la cabeza con ella. Pero, en el EMDR, ¿hasta que punto tengo que ceder el control a mi terapeuta? Entiendo que realmente no, pero todavía me falta confianza y/o más conocimiento sobre el EMDR para “dejarme llevar” por lo que podría pasar (nuevas imágenes, recuerdos, emociones, …). Creo que simplemente necesito más información para gestionar mi miedo y sentirme capaz de “ceder el control” a mi terapeuta.

Otro bloqueo, y mucho más significativo, es el idioma, o decir, el bloqueo de mi lenguaje materna, el alemán. Hay una parte de mi que se resiste al trabajo con el EMDR, la misma parte que en mi dialogo interno permanente se resiste a asumir un abuso sexual. Esta parte – lo que podemos llamar mi niñe (¿o niño?) interior, o una parte protector – tiene mucho miedo, y quiere de una manera protegerme a través de sabotear el EMDR. En la última sesión acordamos que escribo a esta parte para tranquilizarle y explicarle que ahora soy una persona adulta, que tengo las herramientas para protegerle y afrontar mi pasado, que ya tengo cinco años de terapia, etc – en alemán. Llegamos a la conclusión que esta parte – este niñe interior – no habla ni ingles ni español. Pero, cuando solo pienso en escribirle en alemán me bloqueo. No me siento capaz de escribir a mi misme, de hablar conmigo misme, en alemán.

Siempre sabía que no hubiera sido capaz de hacer terapia en alemán. El español me aporta una distancia de seguridad y me señala que estoy ahora en otro lugar y que soy otra persona – me aporta seguridad. Pero no estaba consciente de este bloqueo total de conversar conmigo misme en alemán. Es cierto que escribo en mi diario siempre en español, y cuando vivía en Inglaterra en inglés. Nunca lo hago en alemán desde ya más de 20 años. Nunca.

Esta mañana pensé en esto, y pensé que sin problemas puedo escribir a mis amigas en Alemania en alemán, o hablar con ellas en alemán. Y pensé – en alemán – que no estoy capaz de conversar conmigo en alemán, y directamente sentí como mi estomago se estuvo contrayendo y empecé a llorar. Tuve que hablarme en español para tranquilizarme – intentar hacerlo en alemán solo hizo todo peor, y me hizo llorar más.

En un articulo sobre personas bilingüe originalmente publicado (en inglés) en 2012, y en español en 2014, encontré lo siguiente:

¿Porqué el cerebro bloquea el acceso al lenguaje materno a nivel inconsciente?

El profesor Guillaume Thierry explica: “Pensamos que este es un mecanismo de protección. Sabemos que en un trauma, por ejemplo, las personas se comportan de manera muy diferente. Los procesos superficiales conscientes están modulados por un sistema emocional más profundo en el cerebro. Tal vez este mecanismo cerebral espontáneamente minimiza el impacto negativo de un contenido emocional perturbador en nuestro pensamiento, para prevenir el producir ansiedad o perturbación mental.

En otro articulo encontré esto:

A veces, los pacientes bilingües de un psicoterapeuta que domina sus dos mismos idiomas recurren a su lengua materna si quieren conocer al detalle las consecuencias de un asunto, pero eligen su segunda lengua si prefieren establecer cierta distancia emocional.

Según sé, mi terapeuta no habla alemán, pero lo que a mi me interesa es la distancia emocional que me permite el español – una distancia que parece necesito. No me siento capaz de acercarme tanto a mi niñe interior como para hablarle en alemán, y sin hacerlo este niñe interior sigue resistiéndose y/o escondiéndose. Parece que para acceder a la parte más dañada mía necesito desbloquear el alemán.

No volveré al EMDR antes de resolver estos bloqueos – creo que tiene poco sentido. El primero me parece más sencillo, como lo que me hace falta es simplemente más información, más conocimiento. El segundo es lo más complejo, y no sé cuanto tiempo necesito para poder tener una conversación conmigo misme – con mi niñe interior – en alemán.