Aftershocked - trauma y activismo

Aftershock es un término acuñado por pattrice jones en su libro del mismo nombre (en inglés). Escribe:

Aftershock es mi palabra para referirme a las reverberaciones de los acontecimientos traumáticos sufridos por les activistas. El aftershock puede incluir el estrés postraumático o la depresión, tal y como los experimentan las personas que han sufrido otros tipos de trauma, pero también puede implicar reacciones relacionadas con el contexto del activismo.

En el mundo natural, una réplica (aftershock) es una convulsión secundaria o una serie de sacudidas tras un gran terremoto. Según la Wikipedia del 20 de marzo de 2006, "las réplicas son peligrosas porque suelen ser imprevisibles, pueden ser de gran magnitud y pueden derrumbar los edificios dañados por la réplica principal". Precisamente por eso elegí esa palabra para designar las sensaciones que pueden seguir a una o a una serie de sacudidas traumáticas. Son sacudidas, pueden sacudirlo todo y pueden dejar a la gente con la sensación de que está en ruinas.”

Y:

Muches activistas están aftershockades no por lo que les han hecho sino por lo que han visto. Recordemos que incluso los estrictos criterios de diagnóstico del TEPT reconocen que presenciar la muerte, las lesiones o la amenaza de las mismas a otra persona puede ser una experiencia traumática. De hecho, algunes investigadores han descubierto que presenciar -y no poder detener o prevenir- el daño a otra persona puede tener un efecto más traumático que ser une misme víctima de la violencia. ¿Por qué? Porque los sentimientos de impotencia y autoculpabilidad pueden ser mucho peores.

Además de presenciar la violencia o la muerte, ahora se reconoce que el mero hecho de escuchar repetidamente a otras personas hablar de su experiencia de violencia puede provocar un trauma, lo que se denomina trauma secundario: "El trauma secundario se refiere a una forma de angustia o trauma que se experimenta de forma indirecta al escuchar los detalles de una experiencia traumática o al presenciar las consecuencias de la misma por parte de otra persona. (...) El trauma secundario es especialmente común entre les diversos profesionales que trabajan con personas que han experimentado un trauma, incluidos médicos, psicoterapeutas, trabajadores de servicios humanos y socorristas". - y activistas de derechos humanos y de la paz, añadiría yo.

Amnistía Internacional, probablemente la organización de derechos humanos más conocida a nivel mundial, ha tenido que trabajar sobre el trauma secundario. En un artículo de febrero de 2019, Las víctimas ocultas de la represión: cómo pueden activistas y periodistas protegerse del trauma secundario, escriben:

Tal como explica Sam Dubberley, asesor especial del Evidence Lab y director del Cuerpo de Verificación Digital de Amnistía Internacional, en este informe sobre trauma secundario: “Si te expones a experiencias angustiosas, aunque no estés físicamente presente, tu cerebro tiene la capacidad de experimentar síntomas de angustia similares a los que experimentarías si hubieras estado allí. Nuestros cerebros están preparados para tomar medidas con el fin de protegernos frente a lo que perciben como amenazas a nuestra seguridad. Cuando vemos algo inesperado, el cerebro lo evalúa para decidir si estamos a salvo y seguros o si tenemos que reaccionar rápidamente”.

Las señales habituales de trauma vicario incluyen sensaciones persistentes de rabia, ira y tristeza. En algunos casos más extremos, la exposición intensa a ese contenido puede generar ansiedad, estrés, agotamiento y trastorno de estrés post-traumático.

Tengo mi propia experiencia con el aftershock, el trauma activista y el trauma secundario. Al ser una persona superviviente de abusos sexuales en la infancia y de un trauma complejo, siempre he sido une experte en disociación. Esa ha sido mi principal estrategia de supervivencia en situaciones emocionalmente estresantes, y sólo recientemente -habiendo sido capaz de conectar conmigo misme, con mis emociones como nunca antes- fui consciente de mis aftershocks. En realidad, no he olvidado los acontecimientos, pero hasta hace poco había estado emocionalmente insensible ante los mismos. Así que aquí están algunas de mis aftershocks:

Alemania, transporte Castor de residuos nucleares, Wendisch-Evern, 2001

En marzo de 2001, me uní a la acción de desobediencia civil de X-tausendmal quer en Wendisch-Evern. El plan era bloquear el tren de residuos nucleares de forma noviolenta, y para ello el gran grupo del campamento se preparó para dividirse e intentar bloquear el tren en dos puntos diferentes. Los días anteriores ya fueron bastante tensos, ya que la policía no permitía montar ninguna tienda en el campamento, con temperaturas nocturnas de hasta -9ºC - salvo una tienda de cocina y una caravana de oficinas. Me pidieron que me uniera al pequeño equipo que se encargaba de hacer de enlace con el mando policial, ya que lo había hecho antes.

El día del transporte propiamente dicho, todes y cada uno de los grupos de afinidad estaban preparados y sabían qué hacer y dónde ir. Me uní al grupo que tenía un camino un poco más largo para llegar a la línea de ferrocarril. Aunque no tuvimos grandes problemas para pasar las primeras líneas de policía utilizando la táctica de los cinco dedos, cuando llegué cerca de la línea de ferrocarril ya vi a gente que subía desde la línea de ferrocarril sangrando por la cabeza. Evidentemente, la policía intentaba impedir que la gente subiera a la vía férrea golpeándoles en la cabeza con sus porras. Intenté llamar al mando de la policía, pero, como era de esperar, nadie cogió el teléfono. Probablemente sabían lo que estaba pasando y no tenían intención de justificarse.

Entonces vi que llegaban helicópteros de transporte de la policía, que volaban bastante bajo por encima de nosotres antes de aterrizar cerca. Cada helicóptero podía transportar a 20 policías antidisturbios al lugar de los hechos. ¿Cuántos helicópteros había? Tal vez cuatro, tal vez cinco. No lo recuerdo. Vi a los policías antidisturbios salir de los helicópteros y venir hacia nosotres. Y luego no recuerdo nada más. No recuerdo cómo terminó esto, cómo volví al campamento, ni nada más. Recuerdo que no me hirieron. Pero más allá de eso, nada. La imagen de la policía antidisturbios saliendo de los helicópteros es la última que tengo.

No recuerdo si volví a casa desde el campamento el mismo día, o al día siguiente. Todo lo demás es un borrón...

Cuando pienso en esto ahora, recuerdo cabezas y caras ensangrentadas, y a mí sintiéndome completamente impotente, ya que no podía intervenir, no podía hacer lo que se suponía que debía hacer según el papel para el que me había ofrecido. Y tengo las imágenes de los helicópteros, el ruido que hacían, el viento y la policía saliendo. Y luego nada. Sólo con escribir esto me dan ganas de llorar ahora. Aftershockade.

Colombia, entre 2006 y 2012

Como parte de mi trabajo para la Internacional de Resistentes a la Guerra, visité Colombia varias veces entre 2006 y 2012, ya que trabajé estrechamente con las organizaciones colombianas de objetores de conciencia. Aunque no experimenté la violencia durante estas visitas, a veces las historias que tuve que escuchar me causaron lo que ahora sé que es un trauma secundario. Recuerdo haber escuchado las historias de los "falsos positivos", jóvenes, generalmente pobres, atraídos o secuestrados por los militares, que luego eran asesinados y presentados como guerrilleros, para obtener la bonificación por cada guerrillero muerto. Escuché varias veces historias similares, a veces de familiares de estos jóvenes. Recuerdo vagamente una historia específica, en la que jóvenes de un pueblo indígena fueron atraídos a un campamento en el bosque, supuestamente para ser reclutados por la guerrilla de las FARC, pero durante la noche fueron drogados (se les puso algo en la cena), y por la noche el campamento fue bombardeado por el ejército. Sólo hubo una persona superviviente. Al escuchar esta historia que me contaba la gente del pueblo me sentí muy impotente.

También recuerdo haber estado en un taxi con una colega y un activista colombiano en Barrancabermeja. Mientras pasábamos por uno de los barrios más pobres, señaló una casa y dijo "en esta casa ellos matan a la gente". "Ellos" se refería a los paramilitares. Y pensé que él también había recibido amenazas de muerte de los paramilitares. Podrían haberle matado también "en esta casa".

En aquel entonces, me disocié. Pero más recientemente, cuando pienso en estos acontecimientos, me siento triste e impotente, pero también siento mucha rabia. Y, a menudo, tengo que llorar o, al menos, tengo ganas de llorar. Aftershockade.

Kurdistan turco, mayo de 2016

En mayo de 2016, me uní a una delegación internacional de investigación organizada por la Internacional de Resistentes a la Guerra, a Diyarbarkir y Cizre en el Kurdistán turco. En nuestro comunicado de prensa tras la delegación, "concluimos que el violento conflicto entre Turquía y el PKK kurdo ha causado un enorme sufrimiento y traumatización entre la población civil de las regiones kurdas de Turquía. Según los informes, desde agosto de 2015 han muerto al menos 338 civiles y un número desconocido de combatientes, y más de 400.000 civiles han tenido que huir de sus hogares. Según la Fundación de Derechos Humanos de Turquía, unas 100.000 de estas personas no tienen casas a las que volver, ya que sus residencias fueron totalmente destruidas."

Otro miembro de la delegación dijo: "Hemos visto partes de ciudades destruidas que nos recuerdan a las imágenes de la vecina Siria. Hemos visto excavadoras arrasando ruinas mientras mujeres mayores buscaban entre los escombros restos de sus pertenencias. Y hemos visto partes de la histórica ciudad de Diyarbakir cerradas herméticamente por barreras policiales, sin que nadie sepa lo que ocurre detrás de las barreras". Recuerdo especialmente la visita a Cizre, en la que vimos a las ancianas buscando entre los escombros. Pero no eran unos escombros cualquiera: "El público fue testigo desesperado de cómo los residentes, incluidos niños y heridos, permanecían atrapados en los sótanos de Cizre mientras el gobierno negaba el acceso a los servicios de emergencia". El Tribunal Constitucional de Turquía llegó a rechazar una petición para permitir la evacuación de un edificio y, como consecuencia, las personas que se encontraban en los sótanos murieron, bien por la pérdida de sangre, bien como consecuencia de la operación llevada a cabo por las fuerzas de seguridad. El número exacto de civiles que murieron en los sótanos aún no está claro, pero un grupo de crisis organizado localmente calcula que hubo al menos 178 muertos".

Caminamos por lo que quedaba del barrio, tras meses de bombardeos de artillería desde la montaña cercana. Intentamos hablar con la gente que había regresado a sus casas, o más bien a las ruinas de sus casas. Pronto nos siguieron policías o militares, por lo que ya no pudimos hablar con nadie.

Sin embargo, el recuerdo que realmente me persigue es la imagen de la anciana buscando entre los escombros, y pensando en las docenas, o cientos de personas que habían muerto en los sótanos. Sí, no vi los asesinatos, la violencia. Pero vi el lugar donde cientos de personas fueron asesinadas por los militares turcos, escuché las historias, y vi a la mujer buscando entre los escombros. Aftershockade.

 

El aftershock es serio, como escribe pattrice jones. Puede encajar en los criterios del estrés postraumático, puede que no, pero no importa. Puede ser debilitante.

Ahora estoy aprendiendo a lidiar con mis aftershocks, con mi experiencia como activista de la violencia policial y del trauma secundario. Aunque mi sufrimiento no sea nada comparado con el de las personas que viven en Colombia o en el Kurdistán turco -y seguramente no lo es-, mis emociones son reales. Ya no puedo disociarlas, ya no puedo ignorarlas. Como dijo mi terapeuta en las sesiones cuando le hablé de estos recuerdos, de estas imágenes, ahora estoy muy conectade con mis emociones, así que estas cosas surgen. Y hay que enfrentarse a ellas. Ya no puedo ignorar mis aftershocks, ni quiero hacerlo.

Eso no significa que no vaya a volver a hacer este tipo de trabajo o de activismo. Creo que es importante. Sólo espero que cuando lo haga sea más capaz de aceptar el coste emocional, que sea más capaz de lidiar con las emociones más cerca del momento. Puede que no sea posible o seguro hacerlo en el momento, pero no debería volver a tomarme años o décadas.