Abuso sexual y sanación

Hace poco más de tres semanas escribí sobre afrontar (mal) el abuso sexual, y aunque sentí que lo estaba afrontando mal, al mismo tiempo fue el fin de mi diálogo interno permanente sobre el abuso sexual en mi infancia. Escribí:

Creo que la única manera que tengo para resolver este diálogo interno permanente es confiar en lo que siento, y confiar en mi niñe interior. Su miedo y su dolor no son mentiras. Y lo que siento yo – mi yo adulte – tampoco es mentira. Me siento abusade y violade. Me siento utilizade. Siento dolor. Por ahora sobre todo dolor. Pero también miedo, asco, vergüenza. Y, poco a poco, ira. Cada vez más ira.

Cuando lo comenté en mi siguiente sesión de terapia a mi psicóloga, ella me respondió con un “ahora puedes empezar a sanar”. Y la verdad es que siento que estoy en el camino largo de sanar a esta herida.

Un primer resumen de este proceso escribí hace diez días. Y la verdad es que el diálogo interno permanente no ha vuelto, que las dudas no han vuelto. Al contrario, lo que estoy viviendo desde tres semanas para mí confirma cada vez más la realidad del abuso sexual en mi infancia.

Ya he escrito sobre mi ira, mi rabia, mis fantasías, sobre todo, de matar a mi padre lentamente. Recientemente, estoy más con el duelo y la tristeza. Entiendo que ambas son fases del proceso de sanación. Según un artículo Fases en la superación del abuso sexual infantil en adultos, publicado en la web del Centro Andaluz de Intervención Psicosocial (CAIP), las cinco fases de sanación después de un abuso sexual en la infancia son:

  1. Negación: “nada ha sucedido…”

  2. Negociación: “algo ha sucedido, pero…”

  3. Rabia: “algo ha sucedido y no me gusta….”

  4. Duelo: “algo ha sucedido y ha tenido graves consecuencias.”

  5. Aceptación/Perdón: “algo ha sucedido y he sanado de ello”

Me parece importante la matización que ponen antes de las fases: “Es preciso remarcar que dichas fases no son estrictamente lineales, no se trata de peldaños que hay que subir o bajar, sino de procesos interconectados, en el que avanzar en una de las etapas ayuda a avanzar en las otras. Aceptar lo sucedido, experimentar la rabia, la tristeza o el perdón, son aspectos de un mismo viaje de superación. Si bien, existe una lógica temporal, que suele observarse en el progreso de las terapias, creo que lo auténticamente provechoso es tomar esta clasificación como distintos aspectos que emergen una y otra vez a lo largo del proceso. Esta perspectiva puede ayudar a clarificar y comprender la compleja y emocionalmente confusa situación de quienes enfrentan la recuperación de abusos sexuales tempranos”.

Creo que he dejado atrás las primeras dos fases desde que he conseguido cerrar mi diálogo interno permanente. De una manera, en mi caso no era tanto una negación (o negociación), sino más bien la duda que me ha impedido empezar a sanar. Por suerte, esta duda ya no existe. Tengo claro el tema del abuso sexual, el “algo ha sucedido y no me gusta”.

Rabia

He tenido mis días de rabia – mucha rabia. Como dice en el artículo: “A veces aparecen sueños o fantasías en los que se golpea violentamente al abusador o a alguna figura asociada o incluso se le mata. Para algunos, este tipo de experiencias son satisfactorias y calmantes, pero para muchos, como los pensamientos intrusivos, son perturbadoras”. Sí, he tenido y tengo estas fantasías, y la verdad es que para mi son satisfactorias. El artículo sigue: “Suele ser de ayuda recordar que soñar con ello no quiere decir que vayan a actuarse y poder releer esas fantasías a la luz de lo sucedido, aportando un contexto que calme el miedo a la locura o a la propia destructividad, de forma que estas fantasías se pongan al servicio de la recuperación y no lo obstaculicen, pues son expresiones lógicas de personas en tales circunstancias.” Bien. Bien sobre todo como a mí me cuesta mucho permitirme la rabia. Nunca he sentido este miedo a la locura o destructividad. Sé perfectamente que son fantasías, y que no voy a ir a la casa de mi padre para matarle. Sería darle demasiada importancia.

Tristeza y duelo

Ahora estoy con el duelo y la tristeza. Como dice el artículo: “Aceptar la existencia del abuso y de sus consecuencias, no sólo produce un sentimiento defensivo de agresión y enfado, también supone atravesar un duelo por todo lo perdido. Un abuso deja huellas en la persona, hay determinadas experiencias que ya no volverán a ser las mismas. La infancia ha sido lastimada y hay consecuencias.

Lo que a mi me ha llamado la atención en la parte sobre el duelo es, sobre todo, esta parte: “Con frecuencia, durante los episodios de tristeza y llanto, la persona conecta de una forma muy vivida con el niño que fue y su tremendo sentimiento de soledad. Poco a poco las lágrimas tienden a nacer de un lugar cada vez más profundo, reconfortar y sanar. Como afirma Mic Hunter: ‘Los niños víctimas de abusos tienen dificultades para ser espontáneos y jugar porque tienen que tomar la vida con seriedad. Es difícil centrarse en pasarlo bien cuando la noche anterior se ha sido forzado para mantener sexo oral con un adulto de la familia’. La fase de tristeza conlleva un contacto profundo con el niño interior, con su soledad como hemos dicho, pero también con esa espontaneidad y deseos de juego tan propios de la infancia, una forma de vivir que ha sido secuestrada por la temprana vulneración de sus límites. La tristeza de esta fase se torna aliada de la recuperación, ya que no sólo expresa un llanto por la pérdida, sino que emerge del contacto con ese niño interior y su sed de vida y expansión.

Para mí, esta conexión con mi niñe interior ha sido ya desde más de seis semanas una parte muy importante de mi proceso. Dudo mucho que sin esta conexión hubiera sido capaz de cerrar mi diálogo interno permanente. Y es cierto que en los últimos días mis lágrimas están saliendo de un lugar cada vez más profundo. Las imágenes del abuso ya no son lo más dominante, más bien es este “tremendo sentimiento de soledad” de mi niñe interior, pero también su desesperación de tener que seguir viviendo en la casa con sus abusadores. Especialmente durante los últimos dos días esta conexión con mi niñe interior ha sido superdolorosa por esta desesperación, por su grito “Ich will hier raus!” (Quiero salir de aquí!), y no puedo hacer nada más que intentar calmarle, amarle, asegurarle que los abuso son el pasado, decirle que es fuerte, que puede con esto. Y abrazarle, acompañarle en su llanto.

No me recuerdo de esta desesperación, como no me recuerdo de nada, realmente. No estoy consciente de que, como niñe, una vez intentaba escapar de la casa de mis padres, y tampoco estoy consciente de un intento de suicidio. Sí me recuerdo – desde unos años más tarde, desde cuando ya tengo recuerdos – de que los pensamientos de suicidio siempre han sido una constante en mi vida. Pero mi escape más bien eran mis sueños diurnos, imaginarme mi propio mundo y escapar del mundo real en el que tenia que vivir. Era mi manera de escapar, de disociarme emocionalmente y mentalmente. También me recuerdo del odio hacia mi madre, que deseaba su muerte, que me imaginaba a ella muerta. Curiosamente, no tengo ningunos recuerdos de la convivencia con mi padre y ni con mi hermano, aunque compartía habitación con mi hermano. Es como no hubieran existido desde que tengo recuerdos, aunque obviamente estoy consciente de que vivíamos en la misma casa. Tengo una amnesia parcial respeto a convivir con mis abusadores – una laguna de la memoria. Un vacío. Nada. Entiendo bien que es mi mente protegiéndome.

Más probable que no volveré a días de rabia, y otra vez al duelo. No me imagino que este proceso esta ya casi completo.

Aceptación

A ver cuando consigo la aceptación. En el artículo dice: “En esta fase, la persona es capaz de perdonarse a sí misma. En la medida que se acepta la objetividad de lo sucedido (la vulneración de los límites de un niño impotente por parte de una adulto más fuerte ) y todas las sensaciones subjetivas ya comentadas surgidas de ello, la culpa y la vergüenza tienden también a disolverse. Estos sentimientos de autoculpabilización son característicos en muchas personas abusadas durante la infancia. Cuando esta desoladora y deformada visión de ellos mismos se ve abandonada, la autoestima comienza a mejorar de forma natural.

Aceptar la realidad de lo sucedido con todas sus consecuencias es un camino difícil. Como se aprecia en las distintas fases, hacerlo implica contactar con fuertes emociones de rabia y atravesar un duelo por la inocencia y el goce perdidos. Una vez la persona ha podido atravesar la confusión, el enfado, la nostalgia, la ira y la tristeza por lo vivido hasta entonces está en condiciones de soltar las cargas del pasado para abrazar y construir activamente una nueva forma de vida más plena de disfrute y sentido.

No veo tanto perdonar a mis abusadores, pero sí entiendo la necesidad de liberarme del poder que tienen sobre mí, aunque no lo quiero, y, muy probablemente, ni estoy consciente de que todavía me tienen prisionere.

Pero, sobre esto voy a reflexionar (y escribir) más cuando me toca. Ahora estoy con el duelo y la rabia, y he dejado atrás la negación y negociación. Me parece un avance importante.