Investigando mi trauma complejo

Gracias a Meg-John Barker he descubierto los textos de Pete Walker sobre el trauma complejo. Lo que sufrí la noche del sábado al domingo claramente fue un flashback emocional, y, de hecho, lo que hice instintivamente no fue tan mal, comparándolo con los 13 pasos para manejar los flashbacks (traducción mía al español) de Pete Walker.

Con mi propia historia de infancia, es cierto que nunca he tenido un apego seguro. Pete Walker dice:

Una forma sencilla de describir el apego seguro en las relaciones de la infancia es que le niñe tiene acceso liberal y seguro a por lo menos une cuidadore al que puede aportar toda su experiencia personal -buena o mala, feliz o deprimida, confiada o temerosa, triunfante o fracasada- sin amenaza de ser atacade, avergonzade o abandonade. Quienes no reciben un mínimo de esto en la infancia corren el riesgo de pasar toda su vida aislándose en una posición solitaria y defensiva cuando están sufriendo y necesitan más empatía, apoyo y conexión. Lamentablemente, esta herida no puede curarse sola, por poderosa que sea la capacidad de introspección y autoprocesamiento de cada une, ya que la respuesta para cerrar la vulnerabilidad en la relación ha sido tan practicada que se ha convertido en automática.

 

Desafortunadamente, esto he vivido toda mi vida, y solo en los últimos años he empezado, poco a poco, a cambiarlo. Pete Walker refiere a Diana Foscha, investigadora sobre el apego, y dice:

Los "efectos patógenos del miedo y la vergüenza", como los llama Diana Foscha, hacen que la persona que se apega inseguramente que se aleje automáticamente de la vulnerabilidad y se esconda de compartir sus sentimientos y experiencias más profundos. Ella llama a este tipo de miedo y vergüenza "la estratificación instantánea de la reacción sobre la experiencia sentida". Por lo tanto, cuando un individuo, abandonado emocionalmente en la infancia, tiene un incipiente afloramiento de la experiencia emocional central, como tristeza, ira, depresión, etc., el crítico interno reacciona a ella instantáneamente con miedo y vergüenza impidiendo que el individuo la exprese, sino que a menudo incluso no se haga consciente de ella en primer lugar. Trágicamente, esto impide que el individuo se comunique desde los niveles más profundos de la experiencia vulnerable que son necesarios para un tipo de relación más profunda y sostenida.

No puedo pensar en una mejor manera de expresar mi propia experiencia. Lo estoy cambiando, pero es un proceso lento y complicado. Tengo la suerte ahora que tengo amistades que me permiten expresar mi vulnerabilidad, y tenemos relaciones suficientemente intimas y seguras. Pero conozco muy bien esta experiencia de ni darme cuenta de lo que me esta pasando, de mi tristeza o ira, de mis necesidades, de mis límites.

Y luego, cuando no puedo más, al primero me echo la culpa (No estoy en contacto con mis emociones. No me doy cuenta de estas cosas, y esto es mi culpa, mi problema.), intento evitar el conflicto (Ya es demasiado tarde, mejor lo dejas pasar! Ya no se puede cambiar nada), o, al final, exploto y paso al ataque. No me cuesta mucho ahora pensar en varios ejemplos en los últimos años.

Ahora, con la retraumatización por la crisis sanitaria, he empezado a poner en auto-cuidado en el centro. Lo necesito, y necesito vuestro apoyo, amigues. Os quiero.

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