Hablemos del abuso sexual (II)

¿Cuáles son las palabras que aún no tienes? ¿Qué necesitas decir? ¿Cuáles son las tiranías que te tragas a diario y con las que intentas lidiar en silencio, hasta que te enfermen y te maten?

Audre Lorde, La transformación del silencio en lenguaje y acción, 1977

Ha sido y sigue siendo difícil poner en palabras este tema, esta tiranía que me trago a diario - el tema de un (¿posible?) abuso sexual -, que ahora me esta atormentando con un dialogo interno que no parece tener fin, pero que es muy doloroso. Y sigo con mi caos emocional y mental. Y se suman más preguntas, preguntas como “¿Qué impacto ha tenido el (¿posible?) abuso sexual en mi identidad de género (genderqueer)?” “¿Qué significa el (¿posible?) abuso sexual para mi identidad en general, para quien soy ahora?

Empecé a romper mi silencio hace dos semanas (realmente hace mucho tiempo, pero hace dos semanas por primera vez con tendencia hacia un "sí" rotundo). Hice un primer intento de escribir sobre algunas preguntas relacionadas más que me pasan por la cabeza hace dos días, y terminé fatal. Cometí el error de volver al intercambio de (pocas) cartas con mi padre hace 5½ años, cuando (otra vez) corté el contacto con mi familia definitivamente. Me recordaba que le hice preguntas sobre señales de un abuso sexual en mi infancia, haciendo referencia a una lista de posibles síntomas que había encontrado en la web. Su respuesta fue poco útil en este sentido. Confío en su respuesta respeto a síntomas más obvias (volver a mojar la cama – no ocurrió), pero no respeto a síntomas más sutiles, cambios emocionales, etc, como realmente nunca se daba cuenta de casi ninguna de mis necesidades emocionales (tampoco mi madre). Pero lo que me desestabilizó hace dos días fue especialmente la ausencia de cualquier duda, de cualquier ¿por qué? respeto a mi comportamiento “problemático” en mi infancia. Simplemente siempre yo era el problema. No había un ¿por qué? Un ¿qué esta pasando a nuestre niñe? Y le escribí dos cartas más, con más preguntas, pero nunca he recibido una respuesta a estas cartas. Pensándolo ahora, ya no sé quien ha cortado el contacto...

Duro. Me hice llorar mucho, y no conseguí escribir nada más hace dos días. Ayer también estuve fatal todo el día, con pensamientos de planes de suicidio muy elaborados casi toda la mañana (planes muy elaborados imposibles de llevar a cabo). Ayer no conseguí hacer nada casi todo el día. Estuve pensando en volver a mis diarios de hace 5½ años, pero me di cuenta que hubiera sido una muy mala idea. Realmente sé que mis diarios de estos meses son llenos de referencias a pensamientos e imágenes de abuso sexual que me atormentaban entonces. No hace falta volver a mis diarios para comprobarlo.

Pero como tampoco hace 5½ años hubo recuerdos, en la terapia de una manera nos centramos en estabilizarme, trabajando en el abandono emocional, que sí tuve claro, y de una manera evitando el tema del abuso sexual. Funcionó un tiempo, a veces mejor, a veces peor (hubo momentos durante el confinamiento de la primavera de 2020 cuando funcionó peor, y cambié mi relato durante un tiempo de un “No lo sé, probablemente no” a un “No lo sé, probablemente sí”). Escribí entonces: “La noche del lunes al martes, al masturbarme, me vino de nuevo la imagen de un niño (¿yo?) chupando una polla. Conseguí apartarlo, imaginarme cosas más agradables, pollas más agradables. La imagen se quedó demasiado nublada para reconocer a la otra persona, y tampoco vi más que su cuerpo. No tuve imágenes similares desde mi colapso hace ya casi cuatro años. Y como toda mi infancia es un agujero negro, sin recuerdos algunos hasta las 8 o 10 años, no tengo ni idea que pasó en estos primeros años de mi infancia.

Ahora me esta pasando otra vez exactamente lo mismo. Esta mañana, por ejemplo, también pensé en masturbarme. O, al primero, pensé en ponerme el masajeador de la próstata que me compré hace unos meses en el ano, pero solo pensarlo me hice llorar. No puedo imaginarme ahora ponerme nada en el ano, me conecta directamente con el trauma de mi última relación afectiva sexual, con pensar en “cuando va a terminar” mi entonces pareja cuando me estaba follando. Entonces, nada de placer anal. Segunda opción: masturbarme, sin el masajeador de próstata. El resultado fue fatal. Empecé a masturbarme, me vino la imagen de une niñe mirando una polla erigida, y tuve que llorar fuertemente. Lo intenté otra vez, incapaz de apartar esta imagen, con el mismo resultado. Y decidí dejarlo. Lo mismo ya me pasó hace quizás dos semanas. Parece que el placer sexual se queda fuera de mi alcance por ahora.

¿Qué me dice todo esto? ¿Es mi cuerpo hablándome? ¿Diciéndome cosas? ¿O son fantasías mías? Y vuelvo a mi dialogo interno permanente...

Y, llega la otra pregunta: ¿Qué tiene que ver mi identidad de género como persona genderqueer con un (¿posible?) abuso sexual? Entiendo el género cómo biopsicosocial, como explican Alex Iantaffi y Meg-John Barker en Cómo entender tu género. Una guía práctica para explorar quién eres: “Para cualquier persona, la experiencia del género es una mezcla compleja de biología, psicología y el mundo que nos rodea. (…) Dado que la estructura biológica, las experiencias psicológicas y el contexto de cada cual se interrelacionan de una forma única y compleja, nuestro género es realmente algo así como un copo de nieve: no hay dos iguales”. No creo que el (¿posible?) abuso sexual es la causa de mi identidad de género, pero es más que probable que no que ha contribuido a mi lucha con y contra la/mi masculinidad. Y, si es así, estoy en “buena” compañía. Según la investigación “Gender identity and childhood experiences: an introductory quantitative study of the relationship between gender identity and adverse childhood experiences” (Identidad de género y experiencias infantiles: un estudio cuantitativo introductorio de la relación entre la identidad de género y las experiencias infantiles adversas) 33% de las personas identificadas como genderqueer respondieron con “Sí” a la pregunta “¿Alguna vez un adulto o persona al menos 5 años mayor que tú te tocó o acarició o hizo que tocaste su cuerpo de manera sexual?” (Y 11% respondieron con “Sí” a la pregunta “¿Alguna vez un adulto o una persona de al menos 5 años de edad mayor que ha intentado o ha practicado contigo el sexo oral, anal o vaginal?”).

Sería una cifra casi igual como la de experiencias de abuso sexual de mujeres antes de cumplir los 18 años: Una en tres. La cifra para hombres cis es uno en seis. Según otra investigación de la ONG estadounidense FORGECuriosamente, mientras que la mayoría de los varones no transgénero de nuestra encuesta nunca sufrieron una agresión sexual, las personas que fueron asignados como varones al nacer y que (posiblemente más tarde en su vida) se identificaron como MTFs experimentaron relativamente altos índices de abuso cuando eran niños, jóvenes y adultos jóvenes.” En concreto: 45% hasta los 18 años.

Me causan rechazo (pseudo)-investigaciones que identifican un abuso sexual en la infancia como causa de una identidad de género no normativa (nobinaria o transexual) o de una orientación sexual especifica. Me parecen demasiado monocausal y simplicista (y, además, suelen seguir a la idea de un desarrollo "normal", "sano" de una identidad de género cis y de una sexualidad sana que es la heterosexualidad, y que no merecen una explicación (como son "lo normal"). Todo lo no normativa - las identidades de género disidentes o tanto la homosexualidad o las asexualidades necesitan una explicación. ¡Mierda normativa!). Pero si no entiendo ni la identidad de género ni la sexualidad como “fija”, sino ambas como biopsicosocial, es más que probable que un abuso sexual tiene un impacto. ¿Esto significa que no hubiera llegado a definirme como genderqueer sin un (¿posible?) abuso sexual? No lo creo. Pero si consigo en su momento resolver mi dialogo interno (que, creo que, solo es posible hacia el sí), es muy probable que voy a reescribir mi historia de género (y de quien soy) de una manera u otra.