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Flashbacks

En las últimas semanas estoy viviendo dos tipos de flashbacks. Unos flashbacks que tengo cuando pienso en ciertas cosas de mi adolescencia, como por ejemplo hace dos noches. Y otro tipo de flashbacks, más dolorosos, que me vienen sin que puedo identificar un desencadenante, y que no son vinculados a recuerdos – flashbacks puramente emocionales, como lo viví el sábado pasado. Hasta cierto punto estoy viviendo en un flashback emocional desde cuando empezó el confinamiento.

Hace dos noches repasé mi relación con mi madre, desde que tengo recuerdos. Más bien, mi rechazo a mi madre. Me volví a un recuerdo recurrente, yo en la ducha con quizás 12 años, mi madre entra, abre la cortina, me mira y me pregunta si me había lavado bien “abajo” – los genitales. Me recordé de la sensación de violación, de vergüenza, de la invasión en mi espacio intimo. Me recordé también de mi rechazo a cualquier contacto físico por parte de mi madre, del rechazo de sus caricias, y que ella nunca respetaba mi rechazo, y que siempre tuve que defenderme casi con violencia.

Me recordé también de mis intentos de conseguir su afecta, sentándome en la cocina cuando volví del instituto. No se que le contaba, o si hablábamos mucho. Estos intentos terminaban con una olla de potaje de col rizada enzima de mi cabeza, porque le dije que no lo voy a comer (que no debería haber sido una sorpresa, como nunca me había gustado).

Me recordé también de mi venganza, durante mi juventud, cuando hice comentarios humillantes sobre ella en presencia de mis amigues. Pero también me recordé de que no tenía ningún espacio seguro en casa, que ella y tampoco mi padre nunca avisaban antes de entrar en la habitación. Me recordé de la tensión que sentía permanentemente.

Me recordé también que cuando mi madre me decía “si tienes cualquier problema, puedes hablar conmigo”, y yo lo recibía más como una amenaza. ¿Hablar con mi madre? ¡Impensable! Nunca me sentía entendide, o viste, y la idea de hablar de mi con madre me causaba más horror que otra cosa. Pero tampoco tenía otras personas – ni mi padre, ni mi hermana o hermano, ni amigues.

Finalmente, me puse a llorar. Lloré por el dolor de mi soledad en mi infancia y adolescencia. Lloré por la falta de amor, de afecto. Lloré por todo la tensión y todo el miedo que sentía en mi infancia y adolescencia.

 

Ayer, durante el día, sentí tensión todo el día, y lloré varias veces. No siempre tuve claro por que. Lloré por la impotencia que siento ahora, y que me vuelve a mi adolescencia. Lloré por mi miedo cuando pienso en el futuro, en la “nueva normalidad”. Lloré por llorar, sin saber por que. Por la mañana salí para pasear (fuera de la franja horaria permitida para pasear), y me tomé una chocolate caliente con leche de soja en el Viajero Sedentario en la Alameda. Sentí algo de vida normal, sentade en una mesa con mi chocolate y tomando el sol. Por la tarde salí otra vez (otra fuera de la franja horaria permitida para pasear) y me tomé un helado, también en la Alameda. Necesité sentir algo de normalidad, y no esta “nueva normalidad” orwelliana.

 

Me tomé un baño largo con una copa de vino, y el resto de la tarde hablé con varies amigues por teléfono. Cuando finalmente me acosté, a la 1:00 de la noche, me sentí más relajade. Pero, como hace una semana, a apagar la luz vino otro flashback, uno de estos flashbacks emocionales. Sentí sobre todo dolor en el centro del pecho. Lloré, e intenté relajarme. Me dije que esto fuera un flashback. Me dije que estoy en un espacio seguro. Intenté decir a mi niñe interior que le amo, qué le quiero, y que muchas personas le quieren, pero esto lo hizo peor. Intenté respirar profundamente, poniéndome boca arriba. Volví a decirme que estoy en un espacio seguro, que esto es un flashback, y intenté no reaccionar al dolor, simplemente quedarme con la emoción. Intenté pedir a mi espalda que se relaja.

Esta vez el flashback emocional no duró tanto tiempo – quizás una hora. No fui capaz de identificar a que estaba volviendo durante este flashback. Finalmente logré relajarme, apagar la luz y dormir.

 

Esta mañana me desperté con tensión en la espalda, pero inicialmente más relajade. Pensé en la relación con mi ex-pareja en Londres, o más bien en el fin de nuestra relación, destruida por mi trauma, destruida por el recuerdo a mi madre abriendo la cortina de la ducha (no tengo ningún recuerdo si una vez me tocaba, pero ahora pienso que este recuerdo probablemente se queda encerrado en mi agujero negro de la infancia). Y lloré de nuevo. Sentí mucho dolor, mucha tristeza. Lloré mucho, y fuertemente. Quizás fue la primera vez qué he sido capaz de sentir el dolor por el fin de esta relación, de esta perdida. Solté mucho dolor que antes se había quedado bloqueado.

Me levanté y desayuné, y salí para unas compras. Ahora, sigo con la espalda tensa, y sigo con dolor en el pecho. Sigo también con ansiedad, con las emociones bajo la piel. Otra vez, temo el día.

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Article | by Dr. Radut