Aguas (más) tranquilas

Después de una semana de muchas turbulencias y tormentas, hoy me siento en aguas más tranquilas. Siento la ansiedad en mi pecho, pero más al fondo. Está, pero no me ocupa por completo.

Ha sido una semana de mucho llanto. De mucho dolor. Pero al final creo que no he caído, o, al menos, no demasiado. Ya hace casi cuatro años lloré tanto por todo el dolor de mi infancia, qué en realidad ya no importa (tanto) si ahora cambio mi respuesta a mi pregunta por el abuso sexual de un “No lo sé, probablemente no” a un “No lo sé, probablemente sí”. Nunca lo voy a saber, y ya he llorado tanto, ya he sacado tanta mierda de mi infancia, y me he librado de mucho del dolor de mi infancia. Si es un ‘no’ o un ‘sí’ ya no importa (tanto), es el pasado y lo he sobrevivido. Puedo mirar a este agujero negro (se queda un agujero negro, y esto tampoco va a cambiar), y soportar la ansiedad que me causa.

Hace unos días terminé el libro Ahora es el momento de Tom Spanbauer. Un libro “un poco oscuro”, como me comentó un amigo. Y me reconocí en esta oscuridad. Cómo dice Tom Spanbauer en una entrevista, cuando escribió Ahora es el momento pasó “un par de semanas en cama llorando furioso. Me liberé.” Me vi reflejade en este joven Rigby John Klusener (Tom Spanbauer), su sensación de impotencia, de soledad, de abandono emocional. Y estoy llorando mucho y he llorado mucho en las últimas semanas, liberandome del dolor, de la mierda de mi adolescencia. Y leer este libro me hice sentirme menos sole, como también me ha comentado una amiga que lo esta pasando mal con el confinamiento, la falta de abrazos, al leer mis textos de ahora. Se sentía menos sola. Como Rigby John, me fui de la casa de mis padres para liberarme, para empezar a recuperarme. El dolor compartido es más soportable.

Hoy soy otra persona. En las últimas semanas he intercambiado tantos correos electrónicos, mensajes de Signal, Wire o Kontalk, con amigues en todo el mundo. He hablado con tantes amigues por teléfono, Signal, o Wire. Con unes amigues me he saltado del confinamiento. Y me han escrito tantes amigues y compañeres de los movimientos, con mensajes de ánimo y de apoyo. He escrito tantos textos, en tres idiomas (español, ingles, alemán). En realidad, estos textos siempre escribo en español, y luego los tradujo al ingles y alemán con la ayuda de deepl.com. El alemán ya me cuesta más. También en los correos. Cuando escribo a mis dos amigas de Alemania que me quedan, me cuesta más expresar como me siento. Me faltan las palabras, y no por que las he olvidado, más bien nunca las tenía. Las palabras que me vienen fácilmente en alemán son miedo (Angst) e impotencia (Hilflosigkeit), todo el resto requiere un esfuerzo. Fluye más fácilmente en ingles o español, aunque el alemán es mi lengua materna (o, quizás, por esto).

Esta mañana me quedé más tiempo en cama, escuchando música (Ezra Furman: The Year of No Returning – gracias, Dohle, por introducirme a Ezra). Pensé en mis amistades. Y me vinieron lágrimas, pero fueron otras lágrimas. Lágrimas por sentirme afortunade, sentirme queride y bien arropade. También sentí tristeza, por que no podemos abrazarnos. Pero sé que estáis. Os quiero. Mucho.

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